Narrador protagonista
Este tipo de narradores pueden bien opinar, hacerse preguntas, contradecirse, dudar y manifestar su subjetividad de otras formas frente al relato que nos cuentan, ya que es algo que les ocurrió a ellos mismos y no tienen la obligación de ser imparciales.
A continuación, te mostraré una historia con un narrador protagonista para que quede un poco más claro el tema.
Escucho la alarma sonar por quinta vez y
decido que ya es hora de levantarme para ir al trabajo. Sí, lo sé, estoy
evadiendo mis responsabilidades, pero la resaca de la noche anterior me está
matando. Me incorporo en la cama, tomando ánimos para dirigirme al baño y darme
una ducha, pero hay algo que me desconcierta: a mis pies hay un par de zapatos
que no son míos. En primera, porque son una o dos tallas más chicas que mis
zapatos y en segunda, porque son de mujer. Vaya, ¿fue una buena noche entonces?
Intento recordar qué pasó exactamente anoche y cómo fue que esos zapatos
terminaron en mi departamento…
Toda la mañana me la he pasado pensando en
cómo llegaron esos zapatos a mi habitación. De camino a la oficina reviso mi
galería para ver si hay rastro de alguna posible candidata. Veo entre mis fotos
a dos chicas que, a decir verdad, están muy guapas. ¿Quiénes serán? Al ver la
hora me doy cuenta que voy una hora tarde; trabajo en una compañía de
publicidad, mi trabajo es reclutar mentes frescas y que tengan buenas ideas,
por lo que constantemente conozco personas. No me sorprendería si una de estas
chicas ha pasado por mi oficina. No es que me dé aires de grandeza, solo que a
mi parecer (y el de muchas chicas más) soy un hombre atractivo. No las culpo,
tengo 27 años, un buen trabajo, departamento propio, soy soltero y tengo un
gran sentido del humor. ¿Qué más podrían pedir?
De verdad que hoy no he podido
concentrarme en mis obligaciones porque no logro descifrar cómo esos zapatos
han llegado a mi habitación. Me dirijo a mi casa, son las 8 p.m. y como no
tengo otra cosa mejor que hacer iré a ver a mi mejor amiga que anoche fue
conmigo al bar de donde posiblemente conocí a la desafortunada chica que tuvo
que irse sin zapatos. Pero… ¿si fue conmigo hasta casa, por qué se iría
descalza?
―Diego, ¿de verdad no
recuerdas ni un solo minuto de anoche?
―Te lo juro, no me
sorprende que haya llevado a una chica a casa, me sorprende porqué dejó sus
zapatos ahí. ¿Será que sea una excusa para volver después por ellos? Espero que
no, no pienso abrirle a una desconocida. ―En realidad me daba vergüenza que una
desconocida llegará por sus zapatos y yo no tuviera idea de quién era. ¿Qué
pensaría de mí y de mi caballerosidad?
―Bien, te contaré para
que al fin sepas qué pasó anoche. Para empezar, no llevaste a nadie a casa,
esos zapatos que encontraste fueron el premio por una apuesta.
― ¿Apuesta? ¿Por qué
apostaría unos zapatos? ―Algo ilógico ya que, ¿por qué apostaría por zapatos de
mujer?
―Así es Diego, apostaste
con un par de chicas extranjeras para ver quién se terminaba primero la botella
de whisky. ¡Felicidades, eres un ganador!
Vaya, después de todo no llevé a nadie
conmigo, solo gané una apuesta que me dejó unos zapatos y una resaca de dos
días. Lo que uno hace borracho. Me había gustado más mi teoría de una guapa
muchacha que me acompañó a casa y dejó accidentalmente o a propósito sus
zapatos para después volver por ellos. ¡Que noche!
Espero ahora tengas una idea más clara sobre este tipo de narradores que se pueden encontrar en infinidad de obras literarias.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario