Hola, en esta sección, encontrarás una historia ficticia, escrita por mí, en base a la descripción de un lugar y personas, así como el contexto que la maestra nos dio para darnos una idea sobre la historia. El propósito es echar a volar nuestra imaginación y mejorar la ortografía. ¡Disfruta de la lectura!
El aeropuerto.
Son alrededor de las 6 p.m. y estoy
bajando del avión, rumbo a mi siguiente vuelo rumbo a casa de mis padres. Pero
ha ocurrido un problema con mi siguiente vuelo pues, lo acaban de cancelar por
una tormenta eléctrica. A mi alrededor veo la reacción de las personas que
escuchan el aviso en los altoparlantes del aeropuerto. Caras enojadas y tristes
se observan por todos lados, pues es víspera de navidad y es obvio que todos
queremos volver a casa a celebrar con nuestros seres queridos.
No tengo a donde ir, pues no reservé
ningún hotel porque no estaba en mis planes que sucediera algo así. Mi única
opción es pasar la noche aquí. No sé cómo tomarán esta noticia mis padres pues
no los he visto en dos años y estaban ansiosos por mi visita, además que mi
hermana menor se encuentra enferma y estaba entusiasmada por verme. Tomé
asiento y me dispuse a comunicarme con mis padres.
―Hola mamá…sí, mira ha
ocurrido algo y no podré llegar hoy…estoy bien mamá, no ha ocurrido ningún
accidente, pero hay una tormenta eléctrica y cancelaron el vuelo hasta mañana a
primera hora…yo sé que estaban entusiasmados, yo también quería celebrar
juntos…pasaré la noche aquí, nos vemos mañana, lo siento muchísimo…los quiero
ma, adiós.
Lo más triste es escuchar a mi mamá así,
yo sé lo mucho que deseaba que pudiera pasar esta fecha tan importante con
ellos, el trabajo me consume y tampoco es como que tenga muchísimo dinero para
viajar cuando quisiera. Este viaje es el resultado de mucho esfuerzo y ahorro y
una tormenta eléctrica me lo está arruinando. Al lado de mí se encuentran dos
monjas que al igual que a mí, acaban de cancelarles su vuelo.
―Hola muchachito, soy
Milagros y no pude evitar escuchar tu llamada, nuestro vuelo también se canceló
así que iremos de vuelta al convento y mañana volveremos a primera hora. ¿Te
gustaría acompañarnos? Al menos ahí no te sentirás tan solo como aquí.
―Que amable son ustedes,
pero preferiría pasar la noche aquí, no quiero ser molestia. ―en realidad me
daba mucha pena ir con ellas, no quería dar lástima.
― No es ninguna molestia,
soy Teresa. Nos encantaría que fueras con nosotras. Vamos.
―De verdad no se
preocupen, estoy bien aquí. Veré si puedo conseguir otro vuelo más temprano u
al menos a un lugar más cercano y después tomar autobús hacia mi casa. Muchas
gracias. ― Esbocé una sonrisa. Me paré
del asiento y fui con una chica del aeropuerto que se encontraba cerca. Tuve
que esperar pues estaba hablando con un señor.
― Señorita, ¿sabe cuánto
tiempo más se retrasará el vuelo? ¡Necesito llegar a casa de mi hija ya!
―Estamos haciendo lo
posible señor, pero la tormenta no nos lo permite. En cuanto se calme un poco,
haremos lo posible por despegar. Lo invito a que tome asiento y esté pendiente
de las indicaciones.
Se notaba que el señor de verdad
necesitaba ir a casa de su hija, se veía muy triste pues al igual que todos,
quería pasar la navidad con su familia. ― Así que usted también desea pasar la
navidad con su familia, es muy lamentable esta situación. ― Traté de consolar
al pobre individuo.
―Así es, no sabes lo
triste que esto, ya soy un pobre viejo que tiene los días contados y quiero
pasar la que puede ser mi última navidad al lado de mi hija y de mi nieta. ―Se
le quebraba la voz―. ¿Días contados? ¿Está enfermo? ―No hijo, pero me siento
cansado. ―Oh vaya. No se desanime, verá que su vuelo saldrá pronto. ―Le toqué
el hombro y me dirigí hacia la cafetería, me dejó pensando el comentario del
señor. Olvidé preguntar su nombre. Se nota que sabe mucho de la vida.
Rápidamente volteé y le dije “¿Le
gustaría una taza de café? Así no se nos hace tan largo el tiempo de
espera”. Caminando hacia la cafetería me
enteré que se llamaba Matías, tenía 76 años y tenía una hermosa nieta de 8 años
que deseaba ver con toda su alma porque le recordaba mucho a su mujer (difunta)
pues según sus palabras tenía unos hermosos ojos azules como ella. En la
cafetería vimos a un hombre como de unos treinta años que estaba llorando en la
barra. Se veía deshecho. Don Matías se acercó para ver si podíamos ayudarlo en
algo.
―Joven, ¿se encuentra
bien? ¿necesita ayuda?
― No gracias, es sólo que
necesito salir inmediatamente de esta ciudad, hay gente mala buscándome y todo
gracias a mi adicción a las apuestas. He perdido todo, hasta mi familia. ― Dijo
el pobre hombre lamentándose por sus errores.
― ¿Cómo te llamas?
―Andrés. ¿y ustedes?
Nos presentamos y nos sentamos a platicar
con él. Vaya vida que ha tenido este hombre, apostó todo gracias a su adicción
y ahora al no poder pagar, un grupo de malhechores lo están buscando para
matarlo. Su familia lo abandonó hace dos años por esta misma razón de las
apuestas. Desea comenzar de cero en otro lugar, pero la tormenta se lo impide.
Espero no ocurra una desgracia aquí.
Pasaron alrededor de tres horas cuando
anunciaron que todos los vuelos retrasados y cancelados acababan de reanudarse
ya que la tormenta había parado. Después de todo si veré a mi familia, Matías
verá a su hija y a su nieta y Andrés podrá empezar de cero. Ha sido un buen
regalo de navidad por parte de la vida.

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