miércoles, 1 de mayo de 2019

#Móntameunaescena

Hola, en esta sección, encontrarás una historia ficticia, escrita por mí, en base a la descripción de un lugar y personas, así como el contexto que la maestra nos dio para darnos una idea sobre la historia. El propósito es echar a volar nuestra imaginación y mejorar la ortografía. ¡Disfruta de la lectura! 

El aeropuerto.

       Son alrededor de las 6 p.m. y estoy bajando del avión, rumbo a mi siguiente vuelo rumbo a casa de mis padres. Pero ha ocurrido un problema con mi siguiente vuelo pues, lo acaban de cancelar por una tormenta eléctrica. A mi alrededor veo la reacción de las personas que escuchan el aviso en los altoparlantes del aeropuerto. Caras enojadas y tristes se observan por todos lados, pues es víspera de navidad y es obvio que todos queremos volver a casa a celebrar con nuestros seres queridos.
       No tengo a donde ir, pues no reservé ningún hotel porque no estaba en mis planes que sucediera algo así. Mi única opción es pasar la noche aquí. No sé cómo tomarán esta noticia mis padres pues no los he visto en dos años y estaban ansiosos por mi visita, además que mi hermana menor se encuentra enferma y estaba entusiasmada por verme. Tomé asiento y me dispuse a comunicarme con mis padres.
―Hola mamá…sí, mira ha ocurrido algo y no podré llegar hoy…estoy bien mamá, no ha ocurrido ningún accidente, pero hay una tormenta eléctrica y cancelaron el vuelo hasta mañana a primera hora…yo sé que estaban entusiasmados, yo también quería celebrar juntos…pasaré la noche aquí, nos vemos mañana, lo siento muchísimo…los quiero ma, adiós.
       Lo más triste es escuchar a mi mamá así, yo sé lo mucho que deseaba que pudiera pasar esta fecha tan importante con ellos, el trabajo me consume y tampoco es como que tenga muchísimo dinero para viajar cuando quisiera. Este viaje es el resultado de mucho esfuerzo y ahorro y una tormenta eléctrica me lo está arruinando. Al lado de mí se encuentran dos monjas que al igual que a mí, acaban de cancelarles su vuelo.
―Hola muchachito, soy Milagros y no pude evitar escuchar tu llamada, nuestro vuelo también se canceló así que iremos de vuelta al convento y mañana volveremos a primera hora. ¿Te gustaría acompañarnos? Al menos ahí no te sentirás tan solo como aquí.
―Que amable son ustedes, pero preferiría pasar la noche aquí, no quiero ser molestia. ―en realidad me daba mucha pena ir con ellas, no quería dar lástima.
― No es ninguna molestia, soy Teresa. Nos encantaría que fueras con nosotras. Vamos.
―De verdad no se preocupen, estoy bien aquí. Veré si puedo conseguir otro vuelo más temprano u al menos a un lugar más cercano y después tomar autobús hacia mi casa. Muchas gracias. ― Esbocé una sonrisa.  Me paré del asiento y fui con una chica del aeropuerto que se encontraba cerca. Tuve que esperar pues estaba hablando con un señor.
― Señorita, ¿sabe cuánto tiempo más se retrasará el vuelo? ¡Necesito llegar a casa de mi hija ya!
―Estamos haciendo lo posible señor, pero la tormenta no nos lo permite. En cuanto se calme un poco, haremos lo posible por despegar. Lo invito a que tome asiento y esté pendiente de las indicaciones.
      Se notaba que el señor de verdad necesitaba ir a casa de su hija, se veía muy triste pues al igual que todos, quería pasar la navidad con su familia. ― Así que usted también desea pasar la navidad con su familia, es muy lamentable esta situación. ― Traté de consolar al pobre individuo.
―Así es, no sabes lo triste que esto, ya soy un pobre viejo que tiene los días contados y quiero pasar la que puede ser mi última navidad al lado de mi hija y de mi nieta. ―Se le quebraba la voz―. ¿Días contados? ¿Está enfermo? ―No hijo, pero me siento cansado. ―Oh vaya. No se desanime, verá que su vuelo saldrá pronto. ―Le toqué el hombro y me dirigí hacia la cafetería, me dejó pensando el comentario del señor. Olvidé preguntar su nombre. Se nota que sabe mucho de la vida.
       Rápidamente volteé y le dije “¿Le gustaría una taza de café? Así no se nos hace tan largo el tiempo de espera”.  Caminando hacia la cafetería me enteré que se llamaba Matías, tenía 76 años y tenía una hermosa nieta de 8 años que deseaba ver con toda su alma porque le recordaba mucho a su mujer (difunta) pues según sus palabras tenía unos hermosos ojos azules como ella. En la cafetería vimos a un hombre como de unos treinta años que estaba llorando en la barra. Se veía deshecho. Don Matías se acercó para ver si podíamos ayudarlo en algo.
―Joven, ¿se encuentra bien? ¿necesita ayuda?
― No gracias, es sólo que necesito salir inmediatamente de esta ciudad, hay gente mala buscándome y todo gracias a mi adicción a las apuestas. He perdido todo, hasta mi familia. ― Dijo el pobre hombre lamentándose por sus errores.
― ¿Cómo te llamas? ―Andrés. ¿y ustedes?
      Nos presentamos y nos sentamos a platicar con él. Vaya vida que ha tenido este hombre, apostó todo gracias a su adicción y ahora al no poder pagar, un grupo de malhechores lo están buscando para matarlo. Su familia lo abandonó hace dos años por esta misma razón de las apuestas. Desea comenzar de cero en otro lugar, pero la tormenta se lo impide. Espero no ocurra una desgracia aquí.
      Pasaron alrededor de tres horas cuando anunciaron que todos los vuelos retrasados y cancelados acababan de reanudarse ya que la tormenta había parado. Después de todo si veré a mi familia, Matías verá a su hija y a su nieta y Andrés podrá empezar de cero. Ha sido un buen regalo de navidad por parte de la vida.


     

 

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