sábado, 4 de mayo de 2019

#Móntameunaescena

Hoy vengo con una nueva historia para la sección, en esta ocasión el lugar es una tienda de antigüedades en la cual se desata una persecución. ¡Disfruta de la lectura!


Tienda de antigüedades
       En una calle alterna a la vía principal, se encuentra una gran tienda de antigüedades, es un lugar transitado principalmente por aquellos que buscan una vía rápida para llegar a su destino. Al fondo, llama la atención el gran local color rojo que caracteriza a dicha tienda. Esta tienda fue de las primeras en abrir hace más de 50 años. Aun así, son más viejos los objetos que hay dentro. Al entrar se pueden encontrar valiosas reliquias que sólo un gran conocedor podría apreciar. A simple vista es un lugar limpio, no se observan animales rastreros ni nada por el estilo, aunque se distinguen algunas filtraciones en las paredes y manchas de humedad resultado del paso de los años.
        Si se observa detalladamente, es evidente una mala organización de los objetos, pues todo está de cabeza. Pero parece un desorden en orden, pues según Baltasar cada objeto ocupa un determinado lugar debido a una razón. Baltasar es el propietario de la tienda, es un señor serio pero muy a la disposición cuando alguien busca algo. En cuanto llegué a la tienda, él me recibió con un cordial saludo al igual que su nieta Julia, una pequeña de 8 años que acompañaba a su abuelo todos los días.
       Siguiendo con el recorrido por el local, en una de las paredes se observan cuadros pintados por un artista muy reconocido en la ciudad. Bueno, ya nadie lo recuerda según Baltasar (Aunque es posible que nunca haya sido un “pintor reconocido y sólo sean cuentos). Los cuadros son muy llamativos y cuando se miran con detenimiento, creo que puedes sentir un poco de lo que buscaba expresar el pintor. Al fondo del lugar, hay dos estantes enormes llenos de libros muy viejos, de diferentes tamaños, colores, temas e idiomas. Estos libros, a diferencia de todo lo demás que se encuentra en el lugar, no están a la venta. Son lo segundo más valioso para Baltasar. Una colección que comenzó desde que conoció a su esposa (ahora difunta). Baltasar cuenta que viajó por muchos lugares y siempre que llegaba a un nuevo destino, era un pasatiempo ir a una librería y llevarse algo que le recordará aquel lugar.
      Mientras miro detenidamente cada cosa, cada libro, cada historia que hay detrás de todo, observo a lo lejos a una muchacha que al igual que yo, está siendo curiosa y se impresiona al ver tantos objetos. Me acerco, pero mis piernas caminan solas, en realidad mi cerebro me dice todo lo contrario: ¡No vayas! Ella voltea al sentir que alguien se acerca y me dedica una leve sonrisa. No sé qué hacer así que le digo hola y entablamos una pequeña conversación. Resulta que se llama Melina, tiene 22 años y está huyendo de unos dealers a los que les debe la jugosa cantidad de $5,000 pesos. Vaya sorpresa.
         Me pide que por favor no diga nada y que actúe lo más normal posible pues se acaba de dar cuenta que alguien entró al lugar y está interrogando a Baltasar. Lo primero que hago es mirar disimuladamente hacia el área de caja en donde se encuentra el señor. Efectivamente hay un hombre delgado, mal vestido y dando la impresión de que está desesperado y muy enojado. Parece que alguien le dio la orden de buscar a Melina y  que habrá una grave sanción si no la encuentra. A mi mente se viene Julia, la nieta de Baltasar. Trato de localizarla con la mirada pues si esto se pone feo, ella podría correr peligro. Para mi suerte (¿o la de ella?) está a unos pasos de mí, jugando en el piso con sus juguetes.
         Le hago una señal para que no haga ruido y ella viene hacia mí. Melina por su parte, está buscando la manera de salir sin que el hombre que la busca la vea y su acompañante que está en una camioneta esperando.  De repente, el hombre comienza a gritar y tira una muñeca de porcelana que se encontraba cerca. Tira un instrumento musical. Un cuadro. Empieza a hacer un caos y Baltasar le pide que se calme, que le está diciendo la verdad: él no ha visto entrar a ninguna chica. Yo tampoco me percaté de eso. Melina se supo escabullir entre las reliquias de Baltasar. Ahora Melina está a punto de salir de su escondite para atacar con una pistola al hombre aquel.
        Julia está llorando y ese hombre escucha el ruido así que va a buscar por toda la tienda rompiendo más cosas a su paso. Nos encuentra. ¡Oh no! Pero se vuelve a alejar al ver que sólo somos dos simples inocentes que temen por su vida. Pregunta una vez más por Melina. Ésta sale de su escondite y le dispara. Uno, dos, tres balazos. El hombre se desploma y un charco de sangre comienza a manchar la también antigua alfombra. Melina sale corriendo por la puerta y repite la acción con el otro individuo que esperaba en la camioneta.
       Me incorporo y le pido a la niña que se quede ahí, yo llamo a la policía y tardan tan solo unos minutos en llegar. Lo que minutos antes parecía un silencioso e inspirador lugar se había vuelto la escena de un crimen.  Al fin y al cabo Melina no resultó ser tan inocente cómo se veía. Así como me enamoré de su mirada, pareció que fue a mí a quien disparó. Mi vida tan simple y rutinaria tuvo ese toque de adrenalina que sólo quieres vivir una vez en la vida. Por suerte o para mi desgracia, Melina me dejó su número de teléfono. Tal vez le llame con el pretexto de saber si se encuentra bien.
        ―¡Vaya día! Gracias por cuidar a mi nieta, Rodrigo. Yo sé que siempre te digo que vuelvas pronto, pero tal vez esta ocasión pase por desapercibido ese comentario. De todas formas, nunca está de más una nueva experiencia que contar. Así fue como conquisté a mi mujer. ―Guiñó el ojo.―
Parecía tranquilo después de todo ese alboroto y ese desastre. Hay que aprender de todo, hasta de lo malo. 
Espero te haya gustado la historia:) ¿Tú qué hubieras hecho en el lugar del muchacho?

 

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